¿Conoces el síndrome de Asperger?

¿Alguna vez habías oído hablar de este síndrome? ¿Y de la serie “ The Big Bang Theory”? ¿Y del libro “El curioso incidente del perro a medianoche”? Aunque parezcan cosas que no tienen nada que ver, están relacionadas…Si quieres saber cómo, esta entrada está llena de información para ti¡ Así que si quieres conocer más cosas del síndrome échale un vistazo! Esta entrada también incluye una explicación de el “Problema de Monty Hall ” Así que… ¡sigue leyendo!

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  • ¿QUÉ ES?

El síndrome de Asperger es una enfermedad mental que afecta al desarrollo neuronal de una persona. Suele presentarse más  en chicos que en chicas. Cuando alguien padece este síndrome se presentan características como problemas con la  interacción social, la resistencia de aceptar cambios, rutinas con comportamientos repetitivos, demasiado interés en ciertas cosas… Sin embargo, también pueden presentar habilidades como tener una alta capacidad de memoria o una inteligencia superior que le permite sobresalir en lo que esté verdaderamente interesado.

El Asperger pertenece al grupo de los trastornos del espectro autista (TEA), formado por el trastorno autista y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado. Esta es una de las razones por la que la gente confunde el asperger con el autismo, que es más conocido. Estas son algunas diferencias para no confundirlos.

  • ASPERGER vs AUTISMO

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En primer lugar, las personas con Asperger no tienen problemas para desarrollar el lenguaje, mientras que en el autismo este proceso es más lento.

A la hora de aprender, las personas con Asperger pueden tener dificultades, pero su causa no se debe a su intelecto, sino a la dificultad de concentrarse o a la falta de interés sobre ese tema. A diferencia del autismo que presenta características en su intelecto que provoca problemas para el aprendizaje.

Los autistas no tienen la necesidad de relacionarse con los de su alrededor,  por otro lado, las personas con Asperger  sí que presentan ganas de socializar, pero tienen dificultades para hacerlo.

 

  • CAUSAS Y SÍNTOMAS

Hoy en día las causas de este síndrome son múltiples y desconocidas. De todos modos, el Asperger es un trastorno del desarrollo cerebral en el que actúan, mayoritariamente causas genéticas en las cuales la interacción con el entorno y experiencias pasadas pueden agravar el síndrome. Además, parece ser que el sistema inmune podría ser un factor que determinante en algunos tipos de autismos, en este caso, el Asperger.

Las personas con síndrome de Asperger muchas veces se sienten incapaces de identificar sus propios sentimientos. Esto ocurre debido a una falta de entendimiento de las propias emociones y a una carencia de estrategias para gestionarlos de una manera adecuada. Y no es solo las emociones y sentimientos propios, sino que también tienen dificultades para entender cómo se sienten los demás. Esto hace que sean clasificados de insensibles y el hecho de tampoco sepan captarlas ironías y sarcasmos genera malentendidos.

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Algunos de los síntomas más comunes son estos:

  1. Dificultad para tener amistades

Las personas que padecen Asperger no saben tener amigo debido a un falta de habilidades sociales. Les puede resultar complicado hablar con otras personas o hacer actividades en grupo.

  1. Falta de empatía
    Al principio, las personas con Asperger no suelen sentir empatía con los demás,pero a medida que crecen e interactúan más con otras personas, pueden aprender a actuar para mostrar empatía.
  2. Evitan mirar a los ojos
    Una persona que padece Asperger encuentra difícil tener contacto visual con otras personas. Esto puede llevar a que los demás no confíen en ellos y surga cierta incomodidad.
  3. Intereses muy específicos
    Tanto los niños como los adultos que padecen Asperger puede parecer que no tienen ningún interés, pero es todo lo contrario, cada uno suele tener intereses muy concretos como los detectives, los animales antárticos o los trenes. En muchos casos suelen acudir a esos intereses en momentos de estrés.
  4. Angustia ante los cambios
    Si hay algo que tranquiliza a las personas con Asperger es tener una vida organizada y con una rutina muy determinada. Las situaciones de cambios, por lo más mínimo que sea, les puede afectar negativamente, por lo que tener una rutina les ayuda a manejar su nerviosismo.

No todo es negativo en el síndrome de Asperger y las personas que tienen esta condición conllevan una serie de virtudes:

  1. Son personas puntuales
  2. Buscan el perfeccionismo en cualquier campo
  3. Son personas sinceras
  4. Suelen ser personas más inteligentes que el resto
  5. Tiene excelente memoria
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  • TRATAMIENTOS

Actualmente no existe cura ni tratamiento específico. Sin embargo una detección  e intervención temprana puede ayudar a los niños con la enfermedad para que en su etapa adulta puedan vivir relativamente independientes.

             ·Intervenciones específicas
Algunas de ellas son prácticas de enseñanza, apoyo emocional, técnicas de manejo del comportamiento, actividades de competencia social y de comunicación, etc.

Debe fomentarse una cultura de desarrollo de habilidades sociales, la autoevaluación y la confianza. Hay que animar a los niños a ser más autosuficientes. Los niños con el trastorno necesitan que se les enseñe maneras de interpretar la información visual a la vez, con la información auditiva para interpretar el lenguaje corporal de otras personas y enseñarse a uno mismo a responder en esas situaciones.

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Otro sector de enfoque específico incluye la capacitación ocupacional y vocacional con el fin de que el niño pueda llevar una vida más independiente en el futuro.

          ·Medicaciones

Médicamente no existe un fármaco específico para ningún trastorno generalizado del desarrollo. Y es verdad que las medicaciones generales no dan mucho resultado en el tratamiento del Asperger. Pero pueden ser utilizados en presencia de otros trastornos mentales, así como, los antidepresivos, neurolépticos o psicoestimulantes.  

          ·Psicoterapia

Este tipo de tratamiento interviene en los problemas emocionales, físicos, sociales y comportamentales, en el que esa persona establece una relación profesional con un terapeuta, que le ayudará a trabajar y modificar síntomas de malestar y promover el crecimiento personal. 

La intervención con niños se realiza fundamentalmente a través del juego y, con adolescentes y adultos es verbal, aunque también se utilizan herramientas activas. 

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  • EL SÍNDROME EN LA ACTUALIDAD

Hoy en día el síndrome de Asperger sigue siendo bastante desconocido para algunas personas, ya que la gente tiende a hacerse una idea general, pensando que es lo mismo que el autismo. Pero como ya habíamos visto antes, son distintos.

Después de haber estado leyendo esta entrada, te habrás hecho una idea sobre la relación de los elementos mencionados en las preguntas del principio y si no, ahora te lo contamos.

En primer lugar, la serie de “The Big Bang Theory”, está relacionada con el Asperger ya que uno de los personajes principales padece este síndrome. ¡Correcto! Es Sheldon Cooper, este personaje está caracterizado con un Asperger exagerado, lo cual puede ayudar a la gente a hacerse una idea general del síndrome.
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Sheldon es un chico, por lo que muestra que es más común en chico que en chicas. También es muy listo por los doctorados que tiene y su puesto como físico teórico. Para socializar presenta dificultades y las emociones por los demás son muy distintas a las comunes. Como interpreta el lenguaje de forma literal, le cuesta entender las bromas o el doble sentido de las cosas. Tiene rutinas diarias que se ven  a lo largo de la serie como dedicar una noche de la semana a cada afición, o tener un momento concreto para ir al baño…

El otro elemento que relacionamos con el Asperger es la novela de “El curioso incidente del perro a medianoche”. En esta historia, el protagonista Christopher Boone, sufre el síndrome de Asperger. Le encantan los detectives y los misterios, y en esta historia intentará resolver un caso poco importante  pero que luego es más interesante de lo que parecía.

 

Esta historia está narrada en primera persona, así que nos permite ver el mundo del modo en que lo ve el protagonista. Christopher es un niño de quince años que tiene Asperger y el síndrome del sabio con las matemáticas, además tiene memoria fotográfica y se fija hasta en los detalles más mínimos de su alrededor.

Durante el libro podemos ver su incomprensión del comportamiento humano, nos va unnamed (6)diciendo lo que piensa de sus vecinos, sus profesores… En la mayoría de sus comentarios se ve que no entiende por qué hacen cosas como llorar o enfadarse en situaciones concretas o por qué actúan de una forma y no de otra. Tampoco entiende las bromas o expresiones faciales que presentan los otros personajes. A la hora de interactuar se nota que no está a gusto, ya que prefiere no tener contacto físico con las personas y evita el exceso de ruido o información.

A Christopher le gustan las listas de distintas cosas, por eso se hace listas cuando las necesita. También le gusta lo concreto en general y los hechos, este es el motivo por el que le gustan tanto las matemáticas.

Por otro lado no le gusta comer en sitios extraños ni cambiar de sitios de los muebles. En el Capítulo 101 del libro, nos explica un problema que le  ha parecido muy interesante, ya que se puede aplicar en la vida. Es el problema de Monty Hall.

Después de haber leído el libro,  esta podría ser la percepción de Christopher sobre el instituto Ramiro de Maeztu:

Todos los días menos sábados y domingos llego a las 7:55 de la mañana a la parada “Republica Argentina”. Cuando me bajo del penúltimo vagón del “metro” por la tercera puerta llego directamente al primer tramo de escaleras mecánicas las cuales subo por el lado izquierdo mientras repaso la infinita lista de los números primos. Cuando subo los otros dos tramos de escalera paro en el número 409. Después llego a un pasillo largo que luego da a la calle. Suelo estar entrando al Ramiro de Maeztu a las 8:03, permitiéndome pararme un minuto exacto en el tablón de anuncios de bachillerato y comprobar que siguen los mismos folletos informativos sobre una web de ciencia que quieren que visitemos. El instituto me gusta mucho, como es tan grande, el mapa del edificio también lo es. Me  he memorizado el plano de cada planta y el número de cada clase para saber de forma precisa donde está todo. Entro en mi aula a las 8:10, dejándome 10 minutos para comprobar que todo lo de la clase sigue en su sitio y que nada ha cambiado. Comprobar que el reloj está en hora  es esencial, porque así todo sucede de forma exacta. Algo que no soporto es que el reloj y el timbre no estén sincronizados. Cuando esto sucede me tapo los oídos y encojo mi cuerpo esperando a que todo se detenga. 

  • DIBUJO DE CHRISTOPHER

La televisión también contribuye para dar a conocer este síndrome a las personas. Lo hace a través de series  en las que aparece un personaje con este síndrome que a veces incluso puede ser el protagonista. The Big Bang Theory; de la cual hemos comentado su personaje Sheldon.
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Para poder ayudar a la gente con Asperger, hay asociaciones en España como Asociación Asperger MadridConfederación Asperger España. Estas también contribuyen a los estudios de esta condición para poder mejorarla y ayudar para que sea más llevadera para los pacientes y que no les restrinja nada.

 

Entrevista a Pamela Palenciano

“Cuanto más repiquemos la conciencia crítica, más gente habrá dispuesta a generar el cambio”

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Pamela Palenciano es una monologuista que cuenta diariamente en los institutos su propia experiencia como víctima de la violencia machista, con su monólogo No sólo duelen los golpes. Fue su primer novio, Antonio, quien la maltrató de los 12 a los 18 años, y a quien ella ahora representa sobre los escenarios para concienciar a los jóvenes contra estas actitudes, con la ayuda de Celia Garrido. Cuando vinieron a dar el monólogo a las alumnas y alumnos de primero de bachillerato, tuvimos la suerte de poder entrevistarlas.

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En vuestra experiencia como activistas feministas en institutos, ¿habéis notado que los jóvenes tienen ahora más conciencia feminista que antes?

Sí, en los años que llevamos notamos más conciencia feminista: se hacen referencias directas al feminismo. Nos da la impresión de que abrimos una puerta al hablar tan claramente: parece que algunas estamos legitimadas ya para hablar, así que de un tiempo acá se nombra más, se habla del patriarcado; incluso algunos chicos también se manifiestan. Los profes y las profes menos, aunque algunos sí que se declaran abiertamente feministas y hablan de feminismo en sus clases. Pero, en general, menos: he hablado más con vosotras, con gente joven, sobre feminismo que con adultos, y los adultos podrían influir más en ustedes, al estar con ustedes en clase.

¿Habéis notado actitudes más negativas en los chicos entonces?

Si ponemos la balanza de las actitudes de los tíos, sale más la negativa lamentablemente. Se incomodan mucho, pero últimamente hay más tíos que se dan cuenta del machismo o que lo reconocen e intentan cambiarlo.

También hay que tener en cuenta el momento vital en el que se está, en cuarto, primero o segundo de bachillerato: es justo el de la construcción, donde se marcan más los rasgos masculinos y hegemónicos, y cuando contamos las cosas como las contamos e impugnamos el privilegio lo que sienten muchos chicos es que realmente los estás atacando a ellos: no los estás atacando a ellos, estás atacando una masculinidad que se fundamenta en el privilegio, pero se sienten atacados. Hay actitudes muy desafiantes a veces y muy hostiles, pero también aparecen otros que antes no aparecían y que buscan cambiar, aunque como ya hemos dicho en el balance evidentemente lo que prima es que se incomoden en exceso porque, claro, estás cuestionando su identidad.

¿Qué comportamientos tóxicos, machistas, creéis que pasan más desapercibidos para la juventud hoy en día?

Lo sutil. Los comportamientos sutiles son los que pasan más desapercibidos; de hecho, el maltrato se hace cada vez más sutil: a lo mejor ya no hace falta tanto gritar, basta con sugerir, como un consejo. Desde ahí no notas el maltrato, desde ahí hay un cuidado, es súper sutil. Digamos que la sociedad nos ha preparado ahora para que relacionemos los insultos con el maltrato, o un grito, pero lo sutil no se ve, por lo que el comportamiento machista se va haciendo más retorcido poco a poco. Además, confundir el cuidado con el control es una barrera muy finita, que es muy fácil traspasar y que ni ellos, a veces, ni nosotras somos capaces de darnos cuenta de que se ha hecho. También hay una gran confusión, porque vosotras tenéis un modelo de feminidad diferente, porque ya queréis apostar claramente por la independencia, porque no queréis renunciar a vuestros sueños, pero a la vez convivís con esas otras ideas de que si no tienes una pareja no terminas de estar completa. Estás ahí a caballo, sucumbes, y te genera un malestar considerable: precisamente porque es muy sutil.

¿Cuál tendría que ser nuestra actuación cuando vemos a una amiga o compañera que está en una relación de este tipo y que no parece verlo?

Os toca acompañar, aunque a veces desespere mucho porque es alguien que tú quieres. No le preguntéis tanto por él, tampoco le insultéis; eso ella se lo va a tomar a mal. Tenéis que acompañarla de escucharla, intentar hablarle de otras cosas que no sea él. Pero eso pesa, cuando quieres mucho a alguien te desespera ver que has hecho de todo para que ella lo vea… Dices “¡es que no lo ve!”, pero sí lo ve, tontas no somos; sólo es que no queremos verlo. Es lo de siempre, pero es que tú no sabes cómo es él cuando cambia…: ella ve lo que hay dentro, esa parte que no es el monstruo que nosotras vemos. Por eso insiste, porque ella entiende su humanidad. Estamos preparados justamente para eso, para empatizar y para ver la humanidad en gente que a simple vista sería muy difícil verla, pero cuando tú intimas eres capaz de ver esa humanidad, y eso es lo que engancha. Por eso es tan difícil, porque creemos que le podemos cambiar y que sería muy egoísta abandonarle, porque él en el fondo también es buena persona. Así que la única opción es ésa, acompañar sin mostrarle constantemente a ella el error en el que está. Olvidaos de él y cread espacios diferentes y alternativos en los que él no esté presente, porque ya está demasiado presente: es la única opción. Que tome un poquito de aire, que se vea en espacios y que sienta que puede recurrir a vosotras y que no la vais a juzgar, cuente lo que cuente. La cosa está en que encuentre a alguien en quien pueda confiar, y si la cosa se complica mucho buscad ayuda especializada, externa, que os diga qué poder hacer, qué estrategias utilizar, cómo apoyar, porque acompañar a veces es muy difícil.

¿Y si, una vez ya han cortado, ella, aun sabiendo su toxicidad, está dispuesta a volver?

Ella es capaz de volver si él vuelve a ser al que ella conoció. Hay muchas tías que sólo logran dejar al maltratador cuando se enamoran de otra persona distinta, porque nos enamoramos del amor, de la idea de un amor que no existe. ¿Cómo haces con eso? Pues de nuevo buscando espacios nuevos que la refuercen. Pero si ella es consciente, confía en ella: para que ella confíe en sí misma, tenemos que confiar los que estamos alrededor. Si no, ella no es capaz de confiar, y siente que el único en el que puede confiar es él.

Además, si no ha habido golpes es mucho más difícil reconocer el problema. Cuando hablamos de relación tóxica no suena a relación de violencia, suena a que las dos personas, juntas, no funcionan, pero no suena a que sea por culpa de una de ellas; es un eufemismo de la violencia. Ahí no se ve la gran asimetría que hay y el gran desprecio que hay, o la gran necesidad de control que tiene él y que lo hace de forma más sutil: eso es lo que lo hace tóxico, no que la relación sea tóxica.

¿Cómo debería introducirse la formación y educación en conceptos de amor romántico, amor libre y relaciones tóxicas para evitar que se den situaciones de maltrato en una pareja?

Desde que somos niños y niñas, desde antes de la adolescencia. Lo primero que se debería trabajar es el amor profundo a uno y a una misma; eso tiene que ver también con el respeto, con recibir respeto para que tú te sientas respetada. En el ámbito educativo, por desgracia, esto no es lo más habitual. No nos enseñan a respetarnos, porque en general no se respeta a la infancia en condiciones, ni a la adolescencia. Parece que os tenemos que controlar, que tenemos que negaros todo lo que tenga que ver con disfrutar, que tenéis que trabajar. En el fondo eso se arrastra, porque nos cuesta mucho identificarnos con el placer y pensar que el placer es bueno, cuando en realidad es el mejor indicador de que las cosas van bien. Sería la mejor forma de protegernos contra cualquier violencia: realmente buscar el placer profundo, no el placer que tiene que ver con someter y controlar a alguien, porque eso no es placer. Pero nos hemos equivocado en la educación.

Si no hemos llegado a empezar tan pronto, pues sí que se puede llegar cuando estáis en este periodo justo a cuestionar efectivamente los modelos de amor que se venden, los románticos, y a buscar otros modelos, que lo hay, si los buscas.

Nosotras creemos, además, que nuestro trabajo con el monólogo es un trabajo muy impactante: venimos un día, damos el impacto y nos vamos. Hemos propuesto mil veces que Celia venga un día después a asentar lo que se remueve, pero nunca hay tiempo para que haya otro encuentro. Pero con un día no se consigue el cambio. Lo necesitamos desde antes, pero no queremos daros mensajes desesperanzadores: cuanto más repiquemos la conciencia crítica, más gente habrá dispuesta a generar el cambio.

¿Qué medidas o instrumentos creéis que sería positivo utilizar en la educación, ya sea temprana o a esta edad, para intentar cambiar los modelos establecidos?

El cambio empieza con los y las educadoras; desde casa, primero, en el aula después. A veces en casa no hay recursos ni medios para hacer esos procesos de cambio, pero en el aula deberíamos: la herramienta básica son los profesores. El cambio primero empezaría por ahí, por trabajar desde lo personal: los hombres y mujeres que trabajan en la educación y que son referentes para la gente más joven.

Para hablar de estas cosas, hay que educar en emociones.

Si tú tienes claro quién eres tú, qué es lo que estás haciendo, que eres una herramienta, que respetas profundamente… no hace falta incidir en ello, te va a salir solo. Vas a crear climas y espacios de seguridad en tus aulas, y las criaturas no van a necesitar que se les refuerce, porque ya está el clima creado. Una vez has establecido un clima de respeto profundo se respetan y evitas, o previenes, bullying, y muchas cosas, con el ambiente que generas: hay situaciones y conductas que se difuminan, que se diluyen.

El otro día, por ejemplo, fui a un colegio que tiene otro método más constructivista, y sólo con entrar a las aulas de primaria, a las que iría mi hija si me cogen, ya me daba paz. Sólo la estructura del aula: no había sillas, estaban plegadas para cuando se sientan, si es que se sientan; hacen un corro, que es asamblea desde que son chiquitos, no hay libros, ellos dicen qué quieren aprender, y si quieren hablar de elefantes todo está lleno de elefantes: a través de elefantes aprenden todo lo demás. Tendrán fallos, son humanos y humanas, pero ya están planteando la relación desde otro lugar, no desde profe > alumnado, sino desde la confianza profunda. Y confiar es creer en el potencial y la capacidad real de todos los niños y las niñas, en vez de decirles que no saben. Así sólo les estigmatizas y les creas un complejo y una sensación de que no pueden: sí que pueden, sólo hay que adaptarse a ellos, no al revés. Eso es lo que genera confianza.

¿Creéis que el hecho de que te expreses con tanta franqueza ayuda a que las chicas sientan que los problemas de su relación no son un fallo suyo sino que es algo que pueden compartir, y que precisamente eso pueda ayudar a señalar estas actitudes y a que tú te des cuenta de que está mal? O sea, una cosa es sentirte tú incómoda, pero decidir que son cosas tuyas y que el amor en realidad es maravilloso, y otra cosa es contárselo a tus amigas y que ellas te lo señalen. Tampoco sé si es pregunta, es más por darte las gracias, no sé.

Gracias. Nos han llegado a llamar alguna vez que si es un taller de romper parejas el monólogo porque hay muchas chicas que lo ven e ipso facto reciben un mensaje muy claro: dejé a mi novio gracias al monólogo. Aunque, claro, yo soy mujer y hablo como mujer, y Celia es mujer y habla como mujer; a mí me gustaría que fuera un monólogo que también los tíos dijeran te ayuda a cambiar como hombre, necesitamos otro hombre que desde su masculinidad haga también cosas.

El otro día fue Iván [su pareja] a un encuentro de masculinidad y salió con la misma sensación: dice que él ya está harto del blablá blablá, que él siente que los hombres, sobre todo en este lado occidental, son todo blablá, y que justo él y otros tres argentinos más hablaban de otra masculinidad, de dejar de hablar de masculinidad y hacer cosas, y no darse tanto protagonismo ni darle tantas vueltas a la cabeza: ¿y por qué no nos juntamos para, no sé, compartir los que somos padres y estamos criando compartir lo que hacemos cuando son nuestras compañeras las que están fuera? Porque iban a hablar de que su identidad masculina la sienten quebrada. Se siente quebrado, aunque él lo tiene muy integrado, pero él está en casa y yo estoy fuera. A mí me gustaría ponerme con otros tíos a hablar, de verdad; a quebrar la identidad masculina y decir se acabó, no vas a ser el macho alfa proveedor –con él, en el caso de que él ha elegido colocarse en otro lugar–, y, claro, todos dicen sisisisisisisi, pero luego todo es este afán de protagonismo. Y eran precisamente él, como centroamericano, y tres argentinos más eran los que proponían trabajar la masculinidad desde la fe.

¿Sabéis quién es Alicia Murillo? Trabaja en Pikara Magazine, os la recomendamos: es mucho más ácida que yo, es mucho más irónica, se le va mucho más la olla.

En un vídeo dio un mensaje a los hombres para deconstruir su masculinidad, sacándoles un limpiabaños y un estropajo: les dijo que con sólo eso podían hacerlo. Evidentemente, ella es muy irónica, pero es verdad, porque hay muchos que hablan pero que luego no hacen. Iván cree que lo que hay que hacer con la masculinidad es trabajar desde el cuerpo, porque las tías, como ya somos tan corporales, cuando llega un monólogo como éste que habla a las emociones lo vemos rápido, pero a un tío le cuesta más. Hay que hacer un taller más de que muevan el cuerpo, de que hagan cosas que les quiebre para poder deconstruirse, porque eso es lo que ha hecho el patriarcado con ellos: romperles. Ellos son mente por un lado y cuerpo por otro, totalmente desconectados. Es como que sólo fueran cabeza y está totalmente desconectada de la emoción, porque si se conectaran a la emoción no podrían con lo que pasa, con su forma de ser hombre.

¿Por qué maltrata un tío? Nosotras también sentimos rabia e ira, pero nosotras… No nos sale. ¿Por qué ellos pueden transformar esa rabia y esa ira y no controlarla? Porque están muy desconectados: si estuviesen más conectados no lo harían, serían capaces de ver el sufrimiento ajeno. Cuando no lo ven es porque están muy muy desconectados. Aparte de porque se creen con derecho, claro, ésa es otra. La sociedad la alimenta, pero además de eso es que no están locos, están desconectados (que no es lo mismo).

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Pamela es una de las personas más excepcionales que he conocido nunca.

Al atreverse a enfrentarse al patriarcado diariamente de la forma en que lo hace, ha cambiado la vida de muchísimas adolescentes que estamos aún aprendiendo lo que significa querer: la primera vez que vi el monólogo, me pasé las casi dos horas llorando, porque dice las cosas como son, sin pelos en la lengua: se atreve a contar lo que nadie cuenta y a enseñar así a las nuevas generaciones a buscar un amor diferente.

Poder hablar con ella fue increíble en todos los sentidos, pero, especialmente, porque compartió con nosotras pedacitos de ella que yo, al menos, no había descubierto con No sólo duelen los golpes: me dio mil nuevas perspectivas que no había analizado nunca sobre el feminismo: me hizo darme cuenta de lo mucho que me queda por aprender (y por lo que luchar), y fue increíble que fuera ella precisamente quien me abriera los ojos.


María Astigarraga, Alba Bravo e Irene Martín

 

Arrepentimiento

Nunca fui una niña especialmente problemática. Al contrario, era la niña de los ojos de los profesores, el ejemplo puesto como la personificación de la obediencia en 4º de Primaria. Pero una vez acabé en el despacho de la directora. Ahí estaba yo, sentada en el sofá de la puerta mientras recibía miradas anonadadas de todo el que pasaba por allí. Tenía la sensación de que todos sabían lo que había hecho. Me miraba la palma de la mano derecha. Mentiría si dijera que no estaba arrepentida entonces. Pero ahora que veo la sociedad algo más de cerca que desde la ventana que daba al recreo, no me arrepiento en absoluto. Es más, estoy realmente orgullosa de esa niña que con diez años demostró a las veinte personas de su clase que no le afectaba lo que pensasen de ella. Que hubiera un profesor presente mientras ocurría es un daño menor.

Aún recuerdo la sensación. Recuerdo la expresión de sorpresa del otro niño después de mi bofetada. Recuerdo los ojos de todos y los susurros de “Pero, ¿qué le ha hecho” con sus respectivas respuestas de “Nada. Llamarla gorda.” Recuerdo las risas de sus amigos. Pero, lo que más recuerdo de ese día en la clase de 4º de Primaria es la liberación que sentí al decidir que ante todo no iba a dejar que me juzgaran ni me intentaran convencer de algo que sabía carecía de importancia. Sabía que estaba sana. Bailaba tres días a la semana y me encontraba perfectamente. Era una niña muy orgullosa y tenía más confianza en mí misma que la que quizá tengo en a adolescencia.

Me castigaron. Sí, me castigaron. Me dijeron que por mucho que me insultaran noi podía solucionarlo a bofetadas. Yo no lo veía así. Veía que ese niño que con el tiempo acabaría siendo mi amigo había considerado que gorda era algo que podía llamar a cualquier chica y, quien sabe, quizás él incluso pensara que era verdad. Pero si ese niño de diez años creía que podía “herir” mi orgullo ante el único círculo social que tenía, entonces, la yo de diez años creía justo corregirle. Esa bofetada no quería hacerle daño físico sino demostrarle que por muy “chico” que fuera no me iba a dejar.

Pasaron los años y ese momento cayó en el recuerdo. De vez en cuando se mencionaba el incidente como una anécdota más. Acabó en el mismo saco que el día en que Marcos se hizo daño jugando al rugby o cuando colamos sin querer el zapato de Laura en el tejado del vecino. Muy a mi pesar junto a la memoria del acto se quedó el recuerdo común de la visita de Ana al despacho.

Quizás por mi evidente cercanía al evento yo no olvidé su significado original. Concretamente seis años después ese recuerdo volvió a mi cabeza con más fuerza que nunca. Fue el día en que hospitalizaron a una de esas niñas que habían estado presentes, una de las que me había mirado y rumoreado al respecto. Pensé en como la anorexia había acabado con su razón y me arrepentí de nuevo. Sin embargo esta vez me arrepentí por motivos distintos. El primero era haber cumplido sin apenas rechistar el castigo por una acción que consideraba perfectamente moral. El segundo era no haber pegado a ese niño más fuerte.


Ana Fernández Blázquez 1ºZ