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Epopeya al desastre

Roma
–imperio del mundo entero–
se destruyó a sí misma
hasta que en su lugar
sólo quedaron cenizas

Roma
–reino de los mil reinos–
dejó de ser
en un grito mudo,
como el humo
que empaña el cielo
y que el viento se lleva
sin dar explicaciones

:

A lo mejor
yo soy como Roma:
me deshago a mí misma
en el tormento de mi propio ser,
me desmorono con la esperanza
de ser también un ave fénix
y que mi punto y final
sea, en realidad, una coma:
una pausa
para respirar.

Pero aún no renazco:
sigue faltándome el aliento
y sobrándome las calaveras
que anidan mis utopías.


S. I.

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