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Entrevista a Pamela Palenciano

“Cuanto más repiquemos la conciencia crítica, más gente habrá dispuesta a generar el cambio”

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Pamela Palenciano es una monologuista que cuenta diariamente en los institutos su propia experiencia como víctima de la violencia machista, con su monólogo No sólo duelen los golpes. Fue su primer novio, Antonio, quien la maltrató de los 12 a los 18 años, y a quien ella ahora representa sobre los escenarios para concienciar a los jóvenes contra estas actitudes, con la ayuda de Celia Garrido. Cuando vinieron a dar el monólogo a las alumnas y alumnos de primero de bachillerato, tuvimos la suerte de poder entrevistarlas.

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En vuestra experiencia como activistas feministas en institutos, ¿habéis notado que los jóvenes tienen ahora más conciencia feminista que antes?

Sí, en los años que llevamos notamos más conciencia feminista: se hacen referencias directas al feminismo. Nos da la impresión de que abrimos una puerta al hablar tan claramente: parece que algunas estamos legitimadas ya para hablar, así que de un tiempo acá se nombra más, se habla del patriarcado; incluso algunos chicos también se manifiestan. Los profes y las profes menos, aunque algunos sí que se declaran abiertamente feministas y hablan de feminismo en sus clases. Pero, en general, menos: he hablado más con vosotras, con gente joven, sobre feminismo que con adultos, y los adultos podrían influir más en ustedes, al estar con ustedes en clase.

¿Habéis notado actitudes más negativas en los chicos entonces?

Si ponemos la balanza de las actitudes de los tíos, sale más la negativa lamentablemente. Se incomodan mucho, pero últimamente hay más tíos que se dan cuenta del machismo o que lo reconocen e intentan cambiarlo.

También hay que tener en cuenta el momento vital en el que se está, en cuarto, primero o segundo de bachillerato: es justo el de la construcción, donde se marcan más los rasgos masculinos y hegemónicos, y cuando contamos las cosas como las contamos e impugnamos el privilegio lo que sienten muchos chicos es que realmente los estás atacando a ellos: no los estás atacando a ellos, estás atacando una masculinidad que se fundamenta en el privilegio, pero se sienten atacados. Hay actitudes muy desafiantes a veces y muy hostiles, pero también aparecen otros que antes no aparecían y que buscan cambiar, aunque como ya hemos dicho en el balance evidentemente lo que prima es que se incomoden en exceso porque, claro, estás cuestionando su identidad.

¿Qué comportamientos tóxicos, machistas, creéis que pasan más desapercibidos para la juventud hoy en día?

Lo sutil. Los comportamientos sutiles son los que pasan más desapercibidos; de hecho, el maltrato se hace cada vez más sutil: a lo mejor ya no hace falta tanto gritar, basta con sugerir, como un consejo. Desde ahí no notas el maltrato, desde ahí hay un cuidado, es súper sutil. Digamos que la sociedad nos ha preparado ahora para que relacionemos los insultos con el maltrato, o un grito, pero lo sutil no se ve, por lo que el comportamiento machista se va haciendo más retorcido poco a poco. Además, confundir el cuidado con el control es una barrera muy finita, que es muy fácil traspasar y que ni ellos, a veces, ni nosotras somos capaces de darnos cuenta de que se ha hecho. También hay una gran confusión, porque vosotras tenéis un modelo de feminidad diferente, porque ya queréis apostar claramente por la independencia, porque no queréis renunciar a vuestros sueños, pero a la vez convivís con esas otras ideas de que si no tienes una pareja no terminas de estar completa. Estás ahí a caballo, sucumbes, y te genera un malestar considerable: precisamente porque es muy sutil.

¿Cuál tendría que ser nuestra actuación cuando vemos a una amiga o compañera que está en una relación de este tipo y que no parece verlo?

Os toca acompañar, aunque a veces desespere mucho porque es alguien que tú quieres. No le preguntéis tanto por él, tampoco le insultéis; eso ella se lo va a tomar a mal. Tenéis que acompañarla de escucharla, intentar hablarle de otras cosas que no sea él. Pero eso pesa, cuando quieres mucho a alguien te desespera ver que has hecho de todo para que ella lo vea… Dices “¡es que no lo ve!”, pero sí lo ve, tontas no somos; sólo es que no queremos verlo. Es lo de siempre, pero es que tú no sabes cómo es él cuando cambia…: ella ve lo que hay dentro, esa parte que no es el monstruo que nosotras vemos. Por eso insiste, porque ella entiende su humanidad. Estamos preparados justamente para eso, para empatizar y para ver la humanidad en gente que a simple vista sería muy difícil verla, pero cuando tú intimas eres capaz de ver esa humanidad, y eso es lo que engancha. Por eso es tan difícil, porque creemos que le podemos cambiar y que sería muy egoísta abandonarle, porque él en el fondo también es buena persona. Así que la única opción es ésa, acompañar sin mostrarle constantemente a ella el error en el que está. Olvidaos de él y cread espacios diferentes y alternativos en los que él no esté presente, porque ya está demasiado presente: es la única opción. Que tome un poquito de aire, que se vea en espacios y que sienta que puede recurrir a vosotras y que no la vais a juzgar, cuente lo que cuente. La cosa está en que encuentre a alguien en quien pueda confiar, y si la cosa se complica mucho buscad ayuda especializada, externa, que os diga qué poder hacer, qué estrategias utilizar, cómo apoyar, porque acompañar a veces es muy difícil.

¿Y si, una vez ya han cortado, ella, aun sabiendo su toxicidad, está dispuesta a volver?

Ella es capaz de volver si él vuelve a ser al que ella conoció. Hay muchas tías que sólo logran dejar al maltratador cuando se enamoran de otra persona distinta, porque nos enamoramos del amor, de la idea de un amor que no existe. ¿Cómo haces con eso? Pues de nuevo buscando espacios nuevos que la refuercen. Pero si ella es consciente, confía en ella: para que ella confíe en sí misma, tenemos que confiar los que estamos alrededor. Si no, ella no es capaz de confiar, y siente que el único en el que puede confiar es él.

Además, si no ha habido golpes es mucho más difícil reconocer el problema. Cuando hablamos de relación tóxica no suena a relación de violencia, suena a que las dos personas, juntas, no funcionan, pero no suena a que sea por culpa de una de ellas; es un eufemismo de la violencia. Ahí no se ve la gran asimetría que hay y el gran desprecio que hay, o la gran necesidad de control que tiene él y que lo hace de forma más sutil: eso es lo que lo hace tóxico, no que la relación sea tóxica.

¿Cómo debería introducirse la formación y educación en conceptos de amor romántico, amor libre y relaciones tóxicas para evitar que se den situaciones de maltrato en una pareja?

Desde que somos niños y niñas, desde antes de la adolescencia. Lo primero que se debería trabajar es el amor profundo a uno y a una misma; eso tiene que ver también con el respeto, con recibir respeto para que tú te sientas respetada. En el ámbito educativo, por desgracia, esto no es lo más habitual. No nos enseñan a respetarnos, porque en general no se respeta a la infancia en condiciones, ni a la adolescencia. Parece que os tenemos que controlar, que tenemos que negaros todo lo que tenga que ver con disfrutar, que tenéis que trabajar. En el fondo eso se arrastra, porque nos cuesta mucho identificarnos con el placer y pensar que el placer es bueno, cuando en realidad es el mejor indicador de que las cosas van bien. Sería la mejor forma de protegernos contra cualquier violencia: realmente buscar el placer profundo, no el placer que tiene que ver con someter y controlar a alguien, porque eso no es placer. Pero nos hemos equivocado en la educación.

Si no hemos llegado a empezar tan pronto, pues sí que se puede llegar cuando estáis en este periodo justo a cuestionar efectivamente los modelos de amor que se venden, los románticos, y a buscar otros modelos, que lo hay, si los buscas.

Nosotras creemos, además, que nuestro trabajo con el monólogo es un trabajo muy impactante: venimos un día, damos el impacto y nos vamos. Hemos propuesto mil veces que Celia venga un día después a asentar lo que se remueve, pero nunca hay tiempo para que haya otro encuentro. Pero con un día no se consigue el cambio. Lo necesitamos desde antes, pero no queremos daros mensajes desesperanzadores: cuanto más repiquemos la conciencia crítica, más gente habrá dispuesta a generar el cambio.

¿Qué medidas o instrumentos creéis que sería positivo utilizar en la educación, ya sea temprana o a esta edad, para intentar cambiar los modelos establecidos?

El cambio empieza con los y las educadoras; desde casa, primero, en el aula después. A veces en casa no hay recursos ni medios para hacer esos procesos de cambio, pero en el aula deberíamos: la herramienta básica son los profesores. El cambio primero empezaría por ahí, por trabajar desde lo personal: los hombres y mujeres que trabajan en la educación y que son referentes para la gente más joven.

Para hablar de estas cosas, hay que educar en emociones.

Si tú tienes claro quién eres tú, qué es lo que estás haciendo, que eres una herramienta, que respetas profundamente… no hace falta incidir en ello, te va a salir solo. Vas a crear climas y espacios de seguridad en tus aulas, y las criaturas no van a necesitar que se les refuerce, porque ya está el clima creado. Una vez has establecido un clima de respeto profundo se respetan y evitas, o previenes, bullying, y muchas cosas, con el ambiente que generas: hay situaciones y conductas que se difuminan, que se diluyen.

El otro día, por ejemplo, fui a un colegio que tiene otro método más constructivista, y sólo con entrar a las aulas de primaria, a las que iría mi hija si me cogen, ya me daba paz. Sólo la estructura del aula: no había sillas, estaban plegadas para cuando se sientan, si es que se sientan; hacen un corro, que es asamblea desde que son chiquitos, no hay libros, ellos dicen qué quieren aprender, y si quieren hablar de elefantes todo está lleno de elefantes: a través de elefantes aprenden todo lo demás. Tendrán fallos, son humanos y humanas, pero ya están planteando la relación desde otro lugar, no desde profe > alumnado, sino desde la confianza profunda. Y confiar es creer en el potencial y la capacidad real de todos los niños y las niñas, en vez de decirles que no saben. Así sólo les estigmatizas y les creas un complejo y una sensación de que no pueden: sí que pueden, sólo hay que adaptarse a ellos, no al revés. Eso es lo que genera confianza.

¿Creéis que el hecho de que te expreses con tanta franqueza ayuda a que las chicas sientan que los problemas de su relación no son un fallo suyo sino que es algo que pueden compartir, y que precisamente eso pueda ayudar a señalar estas actitudes y a que tú te des cuenta de que está mal? O sea, una cosa es sentirte tú incómoda, pero decidir que son cosas tuyas y que el amor en realidad es maravilloso, y otra cosa es contárselo a tus amigas y que ellas te lo señalen. Tampoco sé si es pregunta, es más por darte las gracias, no sé.

Gracias. Nos han llegado a llamar alguna vez que si es un taller de romper parejas el monólogo porque hay muchas chicas que lo ven e ipso facto reciben un mensaje muy claro: dejé a mi novio gracias al monólogo. Aunque, claro, yo soy mujer y hablo como mujer, y Celia es mujer y habla como mujer; a mí me gustaría que fuera un monólogo que también los tíos dijeran te ayuda a cambiar como hombre, necesitamos otro hombre que desde su masculinidad haga también cosas.

El otro día fue Iván [su pareja] a un encuentro de masculinidad y salió con la misma sensación: dice que él ya está harto del blablá blablá, que él siente que los hombres, sobre todo en este lado occidental, son todo blablá, y que justo él y otros tres argentinos más hablaban de otra masculinidad, de dejar de hablar de masculinidad y hacer cosas, y no darse tanto protagonismo ni darle tantas vueltas a la cabeza: ¿y por qué no nos juntamos para, no sé, compartir los que somos padres y estamos criando compartir lo que hacemos cuando son nuestras compañeras las que están fuera? Porque iban a hablar de que su identidad masculina la sienten quebrada. Se siente quebrado, aunque él lo tiene muy integrado, pero él está en casa y yo estoy fuera. A mí me gustaría ponerme con otros tíos a hablar, de verdad; a quebrar la identidad masculina y decir se acabó, no vas a ser el macho alfa proveedor –con él, en el caso de que él ha elegido colocarse en otro lugar–, y, claro, todos dicen sisisisisisisi, pero luego todo es este afán de protagonismo. Y eran precisamente él, como centroamericano, y tres argentinos más eran los que proponían trabajar la masculinidad desde la fe.

¿Sabéis quién es Alicia Murillo? Trabaja en Pikara Magazine, os la recomendamos: es mucho más ácida que yo, es mucho más irónica, se le va mucho más la olla.

En un vídeo dio un mensaje a los hombres para deconstruir su masculinidad, sacándoles un limpiabaños y un estropajo: les dijo que con sólo eso podían hacerlo. Evidentemente, ella es muy irónica, pero es verdad, porque hay muchos que hablan pero que luego no hacen. Iván cree que lo que hay que hacer con la masculinidad es trabajar desde el cuerpo, porque las tías, como ya somos tan corporales, cuando llega un monólogo como éste que habla a las emociones lo vemos rápido, pero a un tío le cuesta más. Hay que hacer un taller más de que muevan el cuerpo, de que hagan cosas que les quiebre para poder deconstruirse, porque eso es lo que ha hecho el patriarcado con ellos: romperles. Ellos son mente por un lado y cuerpo por otro, totalmente desconectados. Es como que sólo fueran cabeza y está totalmente desconectada de la emoción, porque si se conectaran a la emoción no podrían con lo que pasa, con su forma de ser hombre.

¿Por qué maltrata un tío? Nosotras también sentimos rabia e ira, pero nosotras… No nos sale. ¿Por qué ellos pueden transformar esa rabia y esa ira y no controlarla? Porque están muy desconectados: si estuviesen más conectados no lo harían, serían capaces de ver el sufrimiento ajeno. Cuando no lo ven es porque están muy muy desconectados. Aparte de porque se creen con derecho, claro, ésa es otra. La sociedad la alimenta, pero además de eso es que no están locos, están desconectados (que no es lo mismo).

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Pamela es una de las personas más excepcionales que he conocido nunca.

Al atreverse a enfrentarse al patriarcado diariamente de la forma en que lo hace, ha cambiado la vida de muchísimas adolescentes que estamos aún aprendiendo lo que significa querer: la primera vez que vi el monólogo, me pasé las casi dos horas llorando, porque dice las cosas como son, sin pelos en la lengua: se atreve a contar lo que nadie cuenta y a enseñar así a las nuevas generaciones a buscar un amor diferente.

Poder hablar con ella fue increíble en todos los sentidos, pero, especialmente, porque compartió con nosotras pedacitos de ella que yo, al menos, no había descubierto con No sólo duelen los golpes: me dio mil nuevas perspectivas que no había analizado nunca sobre el feminismo: me hizo darme cuenta de lo mucho que me queda por aprender (y por lo que luchar), y fue increíble que fuera ella precisamente quien me abriera los ojos.


María Astigarraga, Alba Bravo e Irene Martín

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