En el Ramiro, Inicio

El impacto de la filosofía ramireña en un alumno de 1960.

Durante su vida Luis Blázquez Torres ha sido adjunto al presidente del Banco Central Hispano, presidente de Mercamadrid y Consejero de Empleo y Economía de la Comunidad de Madrid, entre otros cargos. Hoy es entrevistado por algo que ocurrió mucho antes, entre 1959 y 1961, su paso por el Instituto Ramiro de Maeztu. En esta entrevista recuerda con cariño a algunos de sus profesores, reflexiona sobre la sociedad del momento y expresa su concepto sobre la que llama la filosofía del Ramiro.

P.- ¿Qué te trajo exactamente a estudiar en el Ramiro de Maéztu?

R.- En aquella época yo no tenía más opción que trabajar mientras estudiaba así que para poder cursar el Bachiller de entonces acudí a los estudios nocturnos del Ramiro.

P.- En la actualidad, el Instituto sigue teniendo un programa de bachillerato nocturno, ¿crees que ha cambiado la percepción que tenemos de los alumnos que cursan en este horario?

R.- Lo que realmente ha cambiado es la propia sociedad. Entonces se trataba de una sociedad que necesitaba trabajar y donde era fácil encontrar trabajo porque todo estaba en expansión. Lo que realmente era complicado era conseguir cultura. Por eso se pusieron estudios nocturnos en el Ramiro y en lo que entonces era la Universidad Complutense de San Bernardo. Así se pudieron hacer algunas carreras universitarias. Existieron también las becas salario. Entonces los estudios nocturnos eran la única forma de realizar el cambio social que supone ir a la universidad.

P.- ¿Cómo era compaginar el trabajo con el estudio?

R.- Era duro. Al final a lo que tenías que renunciar era a tu juventud. Es algo que claramente no debería ser necesario en otras épocas. Por eso se desarrollaron las becas salario, para que la gente generase ingresos mientras estudiaba si lo necesitaba. Hay muchas tardes y muchos domingos que no se podía salir y requería estudiar. También es verdad que solíamos ser mayores los del nocturno así que era más fácil razonar algunos conceptos. De todas formas para sobresalir había que tener mejores capacidades de memoria y demás. En un bachillerato como aquel era muy difícil que solo con trabajar salieras a flote.

P.- Esta edición impresa de la revista está siendo realizada en honor a un profesor del Instituto. ¿Recuerdas algún profesor que te marcase especialmente?

R.- Probablemente el profesor más unido al Ramiro, Don Antonio Magariños. Yo hice el Bachiller de letras y aunque sobre el papel me enseñaba latín y griego canalizaba muy bien las necesidades para que nos desarrollásemos como personas. Intentaba en todo momento transmitir y en cierto modo creó la filosofía del Ramiro que tantas oportunidades dio.

P-. ¿Has encontrado en tu vida profesional más gente proveniente del Instituto?

R.- Dentro del mundo de la Banca encontré a muchos alumnos del Ramiro, así como en mi vida social. En la política es probablemente donde menos gente proveniente de este círculo encontré.

P-. ¿Crees que hay alguna razón para ello?

R.- Bueno, la cultura especial que tiene el Ramiro nació como algo nuevo, algo desligada de las ideas políticas. Yo diría que el Instituto Ramiro de Maeztu de mi época encajaba mejor con Europa que con la España en que vivía. Era una auténtica vanguardia. Hoy debe seguir siéndolo solo que ahora el Ramiro tiene que ser una élite entre élites. Es un mundo muy distinto al de 1960.

P.- De todo lo que aprendiste el Ramiro, ¿qué es lo que consideras que más te ha ayudado posteriormente?

R-. Las ideas que me inculcaron en el Ramiro. Esta filosofía basada en la solidaridad y en llegar a la élite. Pero no tenía nada que ver con lo que ahora llaman el American Dream. No era una ambición de poseer ni de tener, sino de conocer. Esa formación personal me ayudó realmente en lo profesional y creo que es lo más característico del instituto de mi época.

Ana Fernández Blázquez

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Homenaje a Antonio Bernalte.

Antonio Bernalte fue el alma que reavivó las cenizas de esta revista. En el aniversario de su muerte, queremos recordarle con estas palabras.

Introducción y soneto por su fallecimiento 6-2-2016

Calla la luz de ciudad
y por la plaza ruedan las estrellas más oscuras.
Se oye un tren palpitar bajo Madrid.
Tú te despides contando los minutos que nos sobran, mientras el aire esparce nombres de ceniza sobre avenidas y terrazas.
Aún así, la vida nos sorprende, con cada disonante acorde de la música que repica incesante en los eternos cristales del Ramiro.

Camina el sol errante por el cielo,
como un recuerdo sin hogar o historia.
Antonio, en el temblor de la memoria
las nubes son susurros de tu vuelo.

Tu clase nace cada día en suelo
de alumnos que hoy te lloran, y tu euforia
por cantos y poemas es la gloria
de días que ahora habita el desconsuelo.

¡Tu aula del vivir nunca fue oscura!
yo te dije: ¡las letras son extrañas!
mientras en tu semblante el sol ardía…

Y entonces, levantaste la espesura:
respondiste que el mundo y sus entrañas
son luz que nos esconde la poesía.

El último enero con Antonio: Ars Longa, Vita Brevis
Hermoso día y el delgado río
sonoro envía su cristal undoso.
Tú, blando como un sueño vaporoso,
sobre hierba llorada de rocío.

¡Tranquila madurez de bosque umbrío!
Leyendo poemarios. El sedoso
viento se desviste en el lluvioso
rostro purísimo, celeste frío.

El céfiro de enero huyó ligero,
un ósculo levísimo de sombra,
¡Espíritu divino el mes primero!

El tren sobre la verdecida alfombra
me trajo tarde a casa. Aún me asombra
la breve vida para el arte entero

Laura Mingo Pérez.

*

Antes de comenzar, me gustaría pedir perdón a priori: disculpadme por la torpeza de mis palabras. Puedo decir que si para mí resultara fácil encontrar los términos adecuados en este tipo de acontecimientos no tendría sentido alguno que enfrentara la filología como un reto para mi dedicación. Espero que las personas de letras aquí presentes comprendan mi pequeñez ante la dificultad de comunicar ahora mismo.
Dicho esto, creo que lo primero que procedería es presentarnos, ¿no? Estamos aquí en nombre de La colina del viento. Supongo que, quien más, quien menos, la mayoría sabéis qué es o, al menos, habéis oído hablar del tema. Como sé que, en realidad, es mucho suponer, para los que no tengáis ni idea de qué va esto, quiero que os sepáis bienvenidos desde ahora. Sin embargo, lo que realmente me gustaría contar hoy es cómo empezó esto. Tuvimos una idea, sí, y también teníamos muchas ganas, sin duda, pero bendito el idealista que piense que con eso es suficiente, porque nosotros no sabíamos siquiera por dónde empezar a movernos. La solución, por el contrario, se nos presentó en el mismo momento en que se lo planteamos a Antonio. Todas las dudas, que no era pocas, quedaron despejadas. Resultó que, hasta inmediatamente antes de nuestra llegada al Ramiro, había una revista que, por cierto, llevaba él. Nos dio un formato, nos regaló el nombre, nos lo cedió todo con la confianza y la ilusión de quien considera que está legando un verdadero tesoro. No voy a negar que fue una grandísima sorpresa; tampoco que acabaría por convertirse en una de las mejores que he recibido hasta ahora.
Enseguida nos pusimos a trabajar. Él, en todo momento, incansable, nos advirtió de las dificultades, nos guió con sumo cariño. Su apoyo y su dirección fueron siempre incondicionales. También su dedicación, a pesar de que al principio parecía que, ansiosos como estábamos, aquello no terminaría de arrancar nunca. Por suerte, en cuanto nos pusimos manos a la obra la tarea se simplificó bastante. Mucha gente se animó a participar (algunos de los cuales tiran hoy de esto, armados de paciencia y convicción). Fue estresante, aunque siempre hubo consuelo, porque también fue divertidísimo, ya que a Antonio nunca le faltaron fábulas, relatos o anécdotas, y, sobre todo, muy enriquecedor, y es que constantemente aprendimos de él, el espíritu más experto, aunque apasionadamente joven, de entre los que leyendo, releyendo y corrigiendo pasábamos horas y horas.
Ahora, sin embargo, toca hacer acopio de lo que junto a él y por su causa aprendimos. De todas formas, dejadme que me atreva, por favor, a una serie de recomendaciones modestas y sentidas. A los que seguís aquí, especialmente a los profesores, os pido que no permitáis que su grandeza docente y personal quede abocada a un olvido completamente inmerecido. A los que seguís trabajando en esto, manteniéndolo a flote, o lo vayáis a hacer en un futuro (enfatizando, por cierto, en que la conjunción “o” tiene matiz inclusivo, como él insistió en tantas ocasiones), recordad en cada uno de vuestros pasos que esta revista no tiene otra razón que la fe ciega, pero no absurda, de un profesor excepcional en nuestra imberbe y potente capacidad. Y, por último, a los que ya la rutina en el Ramiro forma parte del pasado, solo quería pediros que no os privéis de lo que él puso tanto empeño en enseñarnos; podemos vivir sin literatura, sí, pero tened la ambición y la valentía de enfrentar todas las vidas que esta os ofrece, por favor.
En fin, supongo que solo me queda agradecer, de nuevo con palabras insuficientes, lo que aquí he pretendido explicar: gracias, Antonio, por enseñarnos sin tregua, a nosotros y a tantos otros, lo mucho que aún nos queda por aprender.

María García Asensio.

*

Hola, buenas tardes a todos y todas.
Soy Marina Arcos, pero hoy no vengo a hablaros como Marina sino como todo 1º X. Los que fuimos la última tutoría de Antonio.
Empezar hablando de un profesor tan singular como él, de una forma tan poco suya, resulta casi incoherente, porque todos los que pudimos disfrutar de él como profesor, sabemos que esta no sería la forma que él escogería para recordar a alguien.
Sería muy fácil caer en los tópicos y simplemente mencionar lo gran profesor que era, pero él trascendió esos límites y por eso creo que hoy debemos recordarle como mucho más que eso.
Para nosotros, Antonio fue esa persona que siempre estuvo ahí cuando le necesitábamos, y uno de los pocos que nos apoyó incondicionalmente desde el primer día. Creyó en nosotros en todo momento, y esos pequeños detalles de afecto que nos dejó, los recordamos hoy con la mayor ternura posible.
Más que un simple profesor, Antonio fue un mentor, que nos enseñó a afrontar la vida y con ella todas sus vicisitudes, recordándonos siempre que es mejor ir paso a paso, sin prisa pero sin pausa, sin fijarse en todo lo que queda por recorrer, ya que, si así lo hacemos, llegaremos a la cima sin habernos dado cuenta de cuán alto habíamos subido.
Todas estas enseñanzas, anécdotas y bromas hacían que sus clases fuesen un verdadero alivio aún un viernes a séptima, y creo que todos coincidimos en esto. A esa misma hora, un viernes a las tres de la tarde, tuvimos con él nuestra última clase, la que también sería la última para él como profesor. Quizás, conociendo las circunstancias de esta, penséis que fue una clase al uso, pero, como ya he dicho antes, con él nunca lo eran, aún así, esta última fue especialmente extraordinaria. En aquella clase, tras pasar brevemente por los temas burocráticos del BI, nos habló sobre la Primera Guerra Mundial y el horror que sembró en el mundo entero. Aún recuerdo cómo expresaba en sus palabras el dolor que sufrieron millones de personas aquellos años. No es esto lo curioso de esa clase, sino la forma que tuvo Antonio de concluirla. Como era normal en él, decidió bromear con nosotros, y esa vez le tocó a Virginia (saludo a Virginia Pintó, que estaría por el público) La cara que se le quedó cuando le dijo que se fuera a casa fue para enmarcarla, pero más aún la que se nos quedó a todos cuando, al ver que no nos íbamos, dijo: “Si no os vais vosotros, me voy yo”. Y así hizo, se levantó, recogió sus cosas y se marchó, con toda la clase de pie aplaudiéndole. No veo una mejor despedida por parte de sus alumnos para un profesor de la talla de Antonio, que salió aplaudido y vitoreado de su última clase.
Cabe destacar no sólo este hecho, sino todos los que él nos fue dejando en los meses que le tuvimos de profesor. Sé que los compañeros de mi clase, y supongo que de otras también, no olvidarán su baile de la gallina, su “vicebestia”, sus tacos y su acento catalán (decir “actividad oral interactiva” con el acento). Estas eran cosas que te sacaban una sonrisa tras muchas horas de trabajo y de estrés. Por eso espero, que todos los que estemos aquí, al recordarle lo hagamos con una sonrisa, ya que él, al menos con nosotros, nunca fue alguien que transmitiera tristeza, si no más bien todo lo contrario.
Además de todas estas cosas que ya he dicho, quizás un poco banales, Antonio ha dejado en nosotros valores que creo que debería destacar. Su pasión por la Literatura era contagiosa, y como él bien dijo un día: “Los libros hay que vivirlos, hay que meterse dentro de ellos y obsesionarse hasta el punto de que sea en lo único que pensemos”. Gracias a él aprendimos a disfrutar con todas y cada una de las obras que vimos en clase, las que la mayoría, por cierto, se sabía de memoria. Por otro lado, también nos dijo que las mejores ideas surgían en cualquier parte, incluso en el baño.
Pero lo que creo más importante que nos transmitió fue esa idea de compañerismo, ya que para él, poco podríamos mejorar sin el apoyo y la ayuda de nuestros compañeros, y el verdadero aprendizaje se encuentra en aquello que estos nos aportan.
Querría quedarme con esta última idea, aún más en tiempos como este en el que él ya no está aquí, para recordarnos a todos lo importante que es apoyarnos los unos a los otros.
En un mundo como el nuestro muchas veces el individualismo impera sobre la solidaridad, y se nos transmite la idea de llegar lo más alto posible sin importar los demás, pero que Antonio nos inculcase este otro valor, creo que demuestra la grandísima persona que era, además de un extraordinario educador.

Marina Arcos Arjona. (discurso en nombre de 1ºX en el acto homenaje del 02-03-2016)

*

Para Antonio
En el cielo se ven los surcos de la gran ave fénix. De sus flamígeras extremidades, emanan palabras de sabiduría que nutren a nuestros jóvenes e iluminan sus corazones. No obstante, el ave baja paulatinamente, y con ello el brillo de su plumaje. Parece que el ave fénix nos ha dejado. Su presencia fue larga e intensa, con las llamas argénteas, que formaron constelaciones en el firmamento, más fulgúreas que la Osa Mayor. Los corazones de los pobres mortales han quedado más desamparados ante el fallecimiento del fénix. Se congregan ante tu altar, llorando desconsoladamente. Las lágrimas de las almas más jóvenes inundan nuestros desiertos ojos, que han sufrido de sequía tras un largo período lacrimógeno, y llegan cerca de tu féretro, querido fénix. Sin embargo, ¿qué es eso? ¿Una llama? La gente chilla, exaltada por el atisbo de luz que se ha prendido en el lado izquierdo del pecho. ¿Qué es? ¿Qué es? La gente supone y supone, sin llegar a un argumento razonable. No obstante, el benjamín de la congregación, comienza a saltar y reír, en mitad de tal triste acontecimiento. ¡Niño, este no es momento de jugar! ¡Mamá! ¡No río sin motivo! ¡El fénix ha resucitado! ¿No lo ves? Puede que su cuerpo no se vea a simple vista, pero su vestigio está aquí, Mamá. Esto significa, ¡que el fénix no morirá, ya que las llamas que él prendió en nosotros, perdurarán al igual que él! No permitamos que el fénix muera, porque si no, moriremos nosotros también.
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La sangre me brota a borbotones de la boca. La noticia ha hecho que mi cerebro enviase estímulos constantes a mi corazón, para que no se me saliese del pecho, y me permitiese seguir viviendo. Ha sido tan repentino…Todo parecía ser como siempre; un tímido saludo y una sonrisa, una magistral clase de Literatura, citando a Cervantes, quien se revolcaba en su tumba, de verde de envidia por tu magnífica brillantez. Parece que fue ayer cuando sonreías por los pasillos, saludando a aquel conocido y desconocido que pasaba por tu lado. El recuerdo es tan reciente, tan fresco, como el rocío que impregna las flores del alba. Te fuiste. Pero, no te preocupes. Has dejado tras de ti, una estirpe de alumnos de tal magnificencia, que ni la escuela de Platón te llegaría a los talones. No solo somos grandes literatos y literatas, también bellísimas personas que conocieron de tu benignidad y tu aprecio por la vida.
Gracias.
Gracias por permitir que la bondad fuese parte activa de nuestro ser, como lo fue del tuyo.

Marina González.

*

El 6 de febrero, uno de los hombres más excepcionales que jamás hayamos conocido nos dejó de forma inesperada. Sin duda, esta noticia impactante no dejó indiferente a nadie, conmoviendo los corazones de cientos de alumnos y profesores del Ramiro de Maeztu.
Es imposible calcular las dimensiones de la aportación que Antonio ha realizado como profesor a su alumnado, y es que Antonio era mucho más que un profesor. Era nuestro guía, un guía cuya enseñanza iba más allá de la materia que impartía. Nos invitaba a reflexionar, a dialogar, a pensar. No solo nos formaba en la literatura, nos formaba para la vida.
Dicen que las comparaciones son odiosas, pero nos es inevitable recurrir a ellas. Antonio es sin duda alguna uno de los mejores profesores que hemos tenido. En poco más de dos meses, sus enseñanzas han calado más en nosotros que las de otros maestros con los que estuvimos más tiempo.
Esto, aparte de pena, nos produce rabia, rabia por no haber podido estar más tiempo con él, rabia por no habernos despedido, rabia porque el mundo ha perdido a un hombre sabio, en estos tiempos en los que son tan necesarios.

¿Cómo hablar de alguien que en tan poco tiempo nos ha llenado tanto? Todavía recordamos con claridad cómo en nuestra primera clase reflexionó acerca de qué papel cumplía para con nosotros, sobre por qué era imprescindible en nuestra enseñanza. No hizo falta que concluyera para que nosotros supiéramos la respuesta. Antonio no sólo fue el profesor que hizo que se nos dislocara el cuello con sus paseos hasta el final de la clase; no sólo fue el profesor que detenía sus explicaciones cada dos segundos para beber de su botella de agua, ni fue sólo el profesor cuya primera lección fue que perdiéramos el ridículo recitando un monólogo de Segismundo delante de todos nuestros compañeros. Antonio fue quien que nos recitó “La venganza de Don Mendo” durante diez minutos sin titubear en siquiera un verso. Antonio fue quien, cuando sus antiguos alumnos nos visitaron, fue capaz de señalarnos el sitio que cada uno de ellos había ocupado en la clase. Antonio fue quien nos enseñó que caminante no hay camino, se hace camino al pensar.
Fueron sólo dos meses los que compartimos con Antonio, pero fueron dos meses que no olvidaremos nunca.

Discurso de 1ºZ en el acto homenaje del día 02-03-2016.

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Nova otoño

¿Qué hay más efímero, y a la vez más hermoso, que las hojas de un árbol? Con la llegada del otoño caen con maquiavélica sutileza, creando utopías poéticas y dejando un rastro de eternos colores sobre la gris mediocridad del día a día. Este árbol no es más que una representación del Arte, y sus hojas la producción artística. La labor del artista es, por tanto, recoger estas hojas, y sustituirlas por otras más bellas, más verdes, más vivas. El artista no tiene miedo de pintarlas de los más hermosos colores, de llenarla de las más retorcidas metáforas, de hacer de cada una de esas hojas suya y del resto. Y desde nuestro pequeño reducto de artistas refugiados en la Colina del Viento os animamos a que, con el comienzo de este nuevo curso, añadáis vuestra hoja a nuestro árbol, y que podamos al final de año contemplar con orgullo nuestro frondoso y verde monumento vegetal, y gritar con orgullo: “¡si caen, al menos significa que hubo algo que tirar!”.

Intentaron decirnos

que el camino se bifurca

y el verano no es eterno;

que el viento

se llevaría hasta nuestra colina más segura.

Intentaron avisarnos

de que nuestra taquicardia soñadora

sería sustituida por un compás lento y firme.

Juraron que nos estrujarían el alma,

que nos llenaríamos las rodillas de sangre,

que se nos escaparía el rayo de luna

y le lloraríamos a la almohada.

Menos mal que no les hicimos caso.

Menos mal que agarramos al arte por el corazón

y nos convertimos en pájaro;

menos mal que dejamos que la vorágine nos tragara.

Empezar algo cuesta;

reanudarlo cuesta el doble;

y sin embargo, esa cuesta es de bajada si alguien te da la mano.


Carmen Arribas  y Jaime Fanjul, literatos inconformes.

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Antología del disparate: extracto 1.

¡Buenos días, tardes o noches, lectores!

He considerado necesario hacer una aclaración con respecto a esta publicación de la revista. Hemos decidido que, en cada tanda de publicaciones, vamos a incluir frases dichas en el Ramiro, ya provengan de profesores o de alumnos. No incluimos quién es el autor o autora de las frases por razones obvias, pero creemos que ciertas anécdotas, recogidas por alumnos en clase, deben salir a la luz.

¡He aquí la primera entrega!

– Hay juegos de poder en el sexo.

– Ya no hay que ducharse y vamos a dejar que los niños chupen las aceras.

– Oye, ¿y en el ciclo de crêpes qué pasa?

– Canarias sería un lugar maravilloso si no hubiera canarios.

– Las memorias de De Gaulle… Era un tío insoportable.

– Sois seres humanos sobreestimulados.

– Van a chinificar África.

– ¡Estás amazapanada! Deja de comer, chica.

En el Ramiro

Simplemente, Ramiro de Maeztu

Alejandro Villaluenga

Jueves, 11 de septiembre de 2014. Apenas son las 11:40 de la mañana cuando entro al Ramiro de Maeztu por segunda vez en mi vida. Creo que voy a ser de los primeros, ya que la citación para los alumnos de 1º de Bachillerato es a las 12:00, pero veo que me equivoco. Según cruzo la verja de acceso, me voy encontrando con más gente. Aquello es increíble, cientos de chavales hablando, saludándose, reencontrándose tras el verano. Yo, asombrado e incluso algo cohibido por la gran inmensidad en la que me encuentro, me apoyo en la pared y me dedico a observar.

Viernes, 12 de septiembre de 2014. Ya conozco el aula a la que tengo que acudir, la que va a ser mi hogar durante todo el curso. Un aula, que según me comentarán más tarde, no es la mejor y la temperatura ambiente tampoco es la ideal. Me dirijo a ella, entro por la puerta y, casualidades (o destino) de la vida, me siento al lado de quizás, la persona más contraria a mí en un primer momento, o esa es mi impresión. Enseguida entablamos conversación y me doy cuenta de que nuestras ideas son muy diferentes, pero a la vez compartimos muchos pensamientos. En ese momento, empiezo a comprender qué es el Ramiro de Maeztu: un lugar de diversidad. Y me gusta.

También, conozco a un chico que me va a enseñar las entrañas de este gran instituto. En los 25 minutos de descanso (que experimentaré cómo pasan sin apenas darme cuenta), me hace conocer los puntos clave del Ramiro, me presenta a gente y me cuenta anécdotas. Me acoge y me hace sentir parte de esta gran familia. Y, desde aquí, se lo agradezco.

Poco a poco, van pasando los días, y el que viene, es mejor que el anterior. Voy conociendo personas nuevas, cosas que me llaman la atención y que son muy diferentes a lo que estoy acostumbrado.

Ya han pasado tres semanas, mucho más rápido de lo que imaginaba y presiento que va a ser un gran año. Me queda mucho por descubrir, por disfrutar y, sobre todo, por aprender. Porque creo que entrar en el Ramiro de Maeztu ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, y no me voy a arrepentir de ello. Esto promete. Allá vamos.

En el Ramiro

Hasta siempre, Marta

Homenaje a Marta Bueno

Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas

daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento…

Dicen que lo más difícil de escribir una carta es que no sabes qué decir al empezar. En este caso me han pedido que le dedique unas palabras a la mejor persona y amiga que habré conocido en mi vida, Marta. Qué diría de ella, mejor dicho qué no diría. A lo largo de su vida ha sufrido muchos altibajos que le obligaban a ser cada día un poco más fuerte y eso era lo que realmente la mantenía con vida hasta que un día ya se nos fue. Se me fue una de las personas más importantes de mi vida, persona que seguirá conmigo siempre y que nunca olvidaré.

Marta era una persona que, a pesar de todo siempre seguía adelante, luchaba por la mínima cosa, no le gustaba ver a las personas que la rodeábamos estar mal o sufrir un poquito por su situación. Dicen que la familia te la imponen y a los amigos los eliges y yo la elegí a ella porque siempre estaba cuando la necesitaba. Le elegí a ella porque siempre era capaz de sacarme una sonrisa en los peores momentos de mi vida, porque siempre se le ocurría qué decirte y te dejaba con la palabra en la boca.

Sabiendo cómo era ella, yo creo que no deberíamos estar tristes porque se haya ido. Para mí no se ha ido, sino que sigue aquí conmigo todos los días, ayudándome a sonreír y disfrutar las cosas que ella no pudo disfrutar. Siempre que pensemos en ella o la recordemos debemos hacerlo con una sonrisa ya que ella era lo único que hacía, sonreír.

… Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos…

Ya han pasado más de dos semanas desde que te fuiste, y en este tiempo me he sentido tan vacía que me siento como si hubiese pasado ayer. Hay veces en las que me pregunto el porqué de esa extraña sensación que me entra de vez en cuando, y entonces me acuerdo de que ya no estás. Aquel martes, si te soy sincera, no estabas muy presente en mis pensamientos, pero, de repente, con sólo tres palabras, los inundaste, hasta que dichos pensamientos se desbordaron a través de mis ojos. Lloré tres horas seguidas, hasta que me dio la sensación de haberme quedado sin lágrimas.

Daba por sentado que ibas a estar ahí para siempre. Supongo que no nos damos cuenta de lo presente que está la muerte en nuestro día a día, hasta que ocurre algo que explota nuestra burbuja. He podido llegar a leer nuestra última conversación de Whatsapp unas mil veces. El último mensaje que me enviaste: “Si te apetece claro que sí” Yo te había preguntado si podía ir a verte ese miércoles. No pude hacerlo. Te fuiste el día antes.

“Si te apetece claro que sí”…

Es curioso, o puede que sea mi imaginación, pero es como si ese mensaje te describiese perfectamente. Siempre dispuesta a complacer a los demás con una sonrisa, siempre ayudando, escuchando, dando consejos, sin pedir nada a cambio. Paciente, inocente, divertida, y una de las mejores personas que conoceré en mi vida. Podría decir que la vida es injusta por haberte arrebatado de nuestros brazos, pero eso ya se ha dicho.

Espero que te estés acordando de mí allá donde estés, porque yo lo hago de ti todos los días.

Espero que nunca olvides que te quiero. Muchísimo. Más de lo que pude expresarte.

Y espero que sepas que siempre estarás con nosotros, presente, instrínseca en nuestros corazones, por muchas semanas, meses o años que pasen.

Hasta siempre, Marta.

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…Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta…

Tenía tanto que contarte que me faltaron recuerdos.

Tenía tanto que agradecerte que me faltaron palabras.

Tenía tanto que abrazarte que me faltó fuerza.

Teníamos tanto que recordar que nos faltaron momentos.

Teníamos tanto por lo que reír que nos faltaron ocasiones de hacerlo.

Pero lo que no me faltará eres tú. Estarás aquí, estés donde estés.

Te quiero, Marta,

y tenía aún tanto que quererte, que me faltó tiempo

…Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Nunca te olvidaré, y aunque no estés yo siempre te voy a llevar en mi corazón porque te lo has ganado siendo como has sido conmigo durante seis años. Te quiero, Marta.

…Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores…

 Para Marta:

Es muy difícil escribir esto, has dejado un vacío que no sabemos llenar. No paramos de pensarte Marta, de recordarte, y de echarte de menos. No alcanzamos a comprender, cómo pudo pasarte esto, porqué a ti entre billones de personas, cuando no lo mereciste ni por un momento. Nadie puede saber todo lo que sufriste, lo mal que lo pasaste. En cambio, todos sabemos como aún así sonreías, y te empeñabas en seguir adelante y hacernos a todos felices con tu alegría y tu buen humor. Eres enorme Marta, siempre lo serás, la persona más fuerte que he conocido y conoceré en la vida, una grandísima amiga, eres preciosa en todos los aspectos.

 Pienso mucho en ti, mil cosas me recuerdan a ti, cuando se me cae el pelo en la ducha, la ropa que compramos juntas, cuando doblo la ropa y las camisetas me miran mal, los cuentos de váteres, cuando veo a Dicaprio, el Ginos… Y siempre recuerdo la primera vez que te vi y las mil cosas que vivimos desde entonces. No sabes cómo me gustaría cambiar todo lo que ha pasado.

Marta, no sabes cómo te echo de menos amiga, no sabes cuántas veces me encantaría contarte algo y no puedo, no sabes cómo te quiero, Marta, no sabes cómo duele tu ausencia, todos los días, y tampoco sabes lo feliz que soy de haberte tenido. Solo espero, tía, que de alguna manera esto llegue a ti, que comprendas que nunca te vamos a olvidar y que estés donde estés espero de todo corazón que sepas que te queremos y que hayas alcanzado la felicidad que mereces.

Te quiero muchísimo.

…Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las ladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

 Ahora no estás y mi mundo se ha venido abajo, mas por ti lucharé para seguir adelante, porque eres mi inspiración. Se me llenan los ojos de lágrimas cada vez que pienso en ti, más el dolor que esto me produce, no se puede igualar a la felicidad que has traído a nuestras vidas, gracias por todos estos buenos recuerdos. Gracias por ser la mejor hermana mayor que podrías haber sido. El otro día soñé contigo, cuando hablabas parecía todo tan real. Hay tantas cosas que me gustaría contarte, tantas estupideces de las que nos reiríamos durante días, de las que ahora me tocará reír sola. Por mucho que odies el que te llamen fuerte, lo eres. Estabas tan cansada y sufriste tanto. Luchaste y luchaste y  aunque no tuvieras fuerzas, seguiste luchando, muchos habrían abandonado, pero tú seguiste como la campeona que eres. Por fin descansarás allá donde estés.

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